Una fantasía sobre el tema: una conversación intrauterina

¿Cómo empezamos a planificar un acontecimiento tan importante en la vida como el parto? Pues de formas muy diferentes. Yo, por ejemplo, en un momento dado sentí que me había agotado y que era hora de descansar. ¿Y cómo ocurre todo eso ahí dentro? Imaginémonoslo, ¿no?

«Y otra vez, otra más, pensó la trompa de Falopio, sacó rápidamente el óvulo y lo dejó caer dentro.
—Vaya, resulta que ya me están esperando aquí —dijo el óvulo, entrecerrando los ojos con coquetería en una sonrisa. Los espermatozoides, con sus colitas y muy traviesos, se apresuraron de inmediato hacia ella y la rodearon por todos lados. Uno resultó ser el más rápido y se abrió paso hacia el interior. Con uno solo fue suficiente, tras lo cual el óvulo endureció su membrana y se dividió inmediatamente en dos células. Y luego en cuatro, y otra vez, y otra más. «¿Hacia dónde nadamos?», preguntó una de las células, muy probablemente la que en el futuro se convertiría en el cerebro. Unas pestañas suaves y muy delicadas las empujaban cada vez más profundo y más lejos, y pronto cayeron sobre algo blando.
«¡El cerebro, el cerebro, despierta!», dijo con cautela el útero, «estamos embarazadas». ¿Embarazo, oís?
—¡Achtung, Achtung! ¡Estamos embarazadas! ¿Lo habéis oído todos? ¡Es un embarazo!! Que todo el mundo se prepare urgentemente, ahora hay que trabajar por dos. Nombro a la Madre mi principal ayudante. ¡Corazón!
—Sí, ya estoy trabajando aquí, ya estoy latiendo más rápido.
—¡Estómago!
—Y yo qué, ¿yo qué? Lo que me cae, me queda. Incluso si es un embarazo.
—Ya has perdido por completo la conciencia, te gusta todo, todo para ti y para ti, ¿y qué vamos a hacer luego con todo esto, cómo lo vamos a arreglar? —se pusieron nerviosos el Hígado y los Riñones.
– Sí, ELLA come todo lo ahumado, salado y frito… Por cierto, ha llegado una ración de alcohol.
– ¡Ay, y nosotros tenemos nicotina, Marlboro! – gritaron los Pulmones, expertos en tabaquismo conocidos por todos.
—¿Qué Marlboro? Cerebro, ¿y ELLA lo sabe? —gritó el Útero.
—Ups, un pequeño problema, en este momento hay que pensar en algo —reaccionó muy desconcertado el Cerebro.
—Bueno, vamos a organizarlo para que ELLA de repente empiece a tener miedo a los perros.
—No va a funcionar —guiñaron maliciosamente los Ojos—, hace tiempo que le encantan los perros, aunque… ¡mira, mira, hurra, se dirige a la farmacia!
—¿Y si le provocamos náuseas durante un mes o dos, mejor tres, para que no se porte bien? —sugirió el Estómago.
—¡Uf!
– Algo blanco y que huele extrañamente a pólvora –informaron todos los ojos.
– Es el airbag, uf, ELLA se ha acordado al fin de abrocharse el cinturón.
—¡Cerebro, ¿en qué estás pensando?! ¿Cómo se te ocurre culparla de algo? ¡Y da igual, aunque ahora mismo no fuera culpa suya! ¡Hay que tener más cuidado! Estado: ¡embarazo! —gritaron todos al unísono.

Un mes después

El embarazo en marcha.
– ¡Vaya! ¡Él se mueve!:), – sonrió el Vientre.
– ¿Cómo que ÉL? ¡No puede ser! ELLA sueña con una niña —frunció el ceño el Cerebro
– ¡Que alguien le pregunte! —El útero tocó con delicadeza la placenta.
Dos meses después
– ¡Atención, atención! ¡Posible peligro de infección por un diente enfermo!
– Cerebro, son las cuatro de la madrugada, ¡el sueño más dulce! Déjanos dormir – comentaron somnolientas las Piernas.
– No, ¡hay que ir a urgencias y a la asistencia dental de emergencia! ¡Y rápido! – insistió el Cerebro.

Una hora después

Y de nuevo el embarazo.
—Útero, al final te han puesto anestesia con adrenalina —informó el Corazón.
—¿Qué le vamos a hacer? ¡Hay que aguantar! —suspiró el Útero.
Pasaron… meses
—Cerebro, parece que tenemos las membranas dañadas, se nos está rompiendo la bolsa —dijo el Útero con tono de reproche.
—No es cosa vuestra, es que habéis ofendido mucho a la Vejiga, la habéis apretado hasta el extremo, y ahora no puede contenerse.
—Cerebro, ¿me oyes? ¡Te están diciendo que se está rompiendo la bolsa!
—No te andes con tonterías, tenemos cita con el médico dentro de dos días y el parto es dentro de una semana y media.
—¡Cerebro, no nos queda tiempo!
—Vale, cálmate, llamaremos al médico.

Una hora y media después

Esto sigue siendo un embarazo.
– Bueno, ya estamos en la maternidad, todos se han calmado, ¿están contentos ahora? El embarazo no es cosa fácil. Estamos perdiendo tanto tiempo en vano.
– Cerebro, aquí me han torturado con un enema —dijo el Intestino muy avergonzado y en voz baja.
– Cerebro, ¿me oyes? ¡Estamos dando a luz! ¡Oxitocina, vamos, oxitocina! – gritaba emocionada el Útero
– Bueno, ¿os estáis burlando o qué? ¿De dónde la voy a sacar ahora? ¡Ya os digo, aún quedan una hora y media!
—Cerebro, actúa, consíguelo de donde quieras —insistía el Útero.
—Ay, qué miedo, si dentro de dos horas la dilatación no es suficiente, ¡nos van a hacer una cesárea! ¡Ay, qué miedo, qué miedo, qué miedo!
—Cerebro, deja de ponerte histérico, ya nos han puesto el gotero con enzaprost —informó el Corazón con enfado.
—Pero es que no entendéis nada, queda muy poco, solo una hora y ya está, ¡nos van a abrir!
—Ay, pues no te van a abrir a ti, ¡ya basta de histerias! El cuello se ha dilatado, se ha dilatado —respondió la Madre—, ahora ponle oxitocina.
—¡No puedo, no la hay, ¿de dónde la voy a sacar?!
—Entonces —dijo la Madre muy enfadada—, dile que respire, que respire como le enseñaron y que ahora trabaje con todas sus fuerzas.
—¡No! ¡Es muy rápido! —gritó la Madre, los Ojos cerraron los párpados de terror…
—¡Hay que verlo! ¡Es él quien grita! —gritaban entusiasmados los Oídos.
– ¡Hurra! ¡Hemos dado a luz! – anunció con solemnidad el Cerebro.
– Pero el parto aún no ha terminado para todos –gimió desesperadamente la Madre–, Cerebro, date prisa con la oxitocina para la placenta.
– Ya, ya –respondió flegmáticamente el Corazón.
– Hemos dado a luz, ¿cómo lo hemos hecho? ¡Por nosotros mismos! —sollozaba el Cerebro.
—¡Ya está bien! No vamos a llorar —protestaron los Ojos.
—Ay, bueno, solo miradlo —se alegraba el Cerebro.
—Por cierto, ¿no se os ha olvidado nada? —intervinieron muy modestamente las Glándulas mamarias
—¡Alimentar, alimentar, alimentar, tenemos un montón de calostro! —gritaba de alegría el Cerebro
—Pero ¿por qué no come? —dijeron desconcertados los Ojos.
—Comer, hay que alimentarlo, volver a alimentarlo —gritaba horrorizado el Cerebro tres días seguidos.
– Bueno, ya está, ya está, ahora cálmate. Está mamando, comiendo, mira, hace ya una hora que no se despega.
– Y otra vez, la de turno, pensó la trompa de Falopio, y rápidamente sacó el óvulo, aunque…
– No, no, no hace falta, ¡todavía no estamos preparados! – Gritaron todos al unísono.
ELLA lo tomó en brazos: ¿Y tú quieres una hermanita, solcito?

Todo lo que necesitas saber sobre la preparación para el embarazo lo puedes leer aquí.